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••• La Guerra de los Micelios ••• 

 •   Las hifas son elementos filamentosos cilíndricos. Están constituidos por una fila de células alargadas envueltas por la pared celular que, reunidas, forman el micelio. En los líquenes son las hifas del hongo las que envuelven a los gonidios, las células del alga, y constituyen la mayor parte de la masa y la estructura del líquen. En los hongos verdaderos la pared está hecha de quitina. Las células de la hifa pueden formar un citoplasma continuo (un sincitio), en cuyo caso se habla también de hifas sifonales, o aparecer separadas por tabiques o septos, y entonces diremos que son hifas septadas. Además de los hongos verdaderos, varios grupos de protistas han desarrollado anatomías semejantes por convergencia evolutiva; en estos casos también se habla de hifas e igualmente puede ocurrir que sean septadas. Algunos hongos parásitos tienen una pequeña parte de sus hifas modificadas en forma de haustorios, órganos capaces de penetrar en los tejidos del organismo anfitrión. De forma similar, las micorrizas son también hifas penetrantes, aunque de acción mutualista, ya que tienen gran importancia en la aportación de nutrientes y agua a las plantas.

 

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 •   Los hongos no poseen un sistema reproductor a base de semillas, se reproducen por esporas microscópicas, que al germinar desarrollan unos filamentos llamados hifas, si dos hifas compatibles se encuentran, se unen formando el micelio, en el que se formaran los primordios, dando origen a los hongos. Este proceso puede durar meses o incluso años, dependiendo de las condiciones del terreno, afectado por las condiciones climatológicas. En el mismo terreno, se encuentran distintos micelios ¿Qué ocurre entonces entre ellos? ¿Libran los micelios una batalla por la reproducción?. Así es, al igual que los vegetales y los animales, han de hacerlo para su propia supervivencia, para ello se alían con micelios amigos, los productores de los hongos que nosotros llamamos “chivatas” en connivencia con ellos retraen la producción de primordios, por los considerados enemigos, siendo así, los predominantes durante su propia reproducción. En más de una ocasión chocan dos micelios, que han conseguido la fortaleza suficiente, para sobrevivir y no es extraño que dos especies completamente distintas, salgan pegadas o que sus zonas estén perfectamente delimitadas, mientras se combate en el subsuelo; éstos combates son de intensos, como lo sea su necesidad de alimento, en temporadas altamente húmedas, parece haber una tregua, para dedicarse únicamente a la reproducción y en temporadas secas, la batalla se hace más cruenta, llegando a aparecer únicamente la especie dominante. En los hongos que viven en la madera en descomposición, cuando dos especies se disputan el mismo sustrato, pueden observarse líneas territoriales, delimitando las zonas correspondientes a cada micelio. Existen micelios famosos, como el de una armillaria que se extendía por un terreno de 15 hectáreas  y que pesaba más de cien mil Kilos y contaba con 1.500 años de antiguedad. El corro de brujas más antiguo mide 1 Km de diámetro y tiene 700 años. El círculo mágico de Marasmius oreades que crece en las colinas de  Stonehenge, con un diámetro de 100 m y 300 años de antiguedad, es muy conocido en todo el mundo. El micelio de ésta especie, segrega ácido prúsico, que destruye la hierba de alrrededor del hongo.

 
 
•    El micelio es la masa de hifas que constituye el cuerpo vegetativo de un hongo. Dependiendo de su crecimiento se clasifican en reproductores (aéreos) o vegetativos. Los micelios reproductores crecen hacia la superficie externa del medio y son los encargados de formar los organelos reproductores (endosporios) para la formación de nuevos micelios. Los micelios vegetativos se encargan de la absorción de nutrientes, crecen hacia abajo, para cumplir su función. Los cuerpos vegetativos de la mayoría de los hongos (y, por tanto, el de los líquenes) están constituidos por filamentos unicelulares denominados hifas. Las hifas crecen tan sólo apicalmente en el ápice. Las hifas pueden crecer con mucha rapidez, hasta más de 1 mm por hora. Por este motivo y por las frecuentes ramificaciones surge en el sustrato una maraña de hifas con una enorme superficie: el micelio. Como las hifas no están cutinizadas, el micelio es muy sensible a la desecación, pero, por otra parte, están muy capacitadas para absorber osmotróficamente las sustancias disueltas. Este hecho lo aprovechan muchas plantas superiores formando simbiosis con los hongos.

 
 
 
 
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