Logo
Inicio      nalareira



En los fríos inviernos de mi tierra natal (Galicia), las reuniones en la lareira delante del fuego eran diarias. La lareira viene a ser una chimenea con una base grande de piedra con cabida para seis u ocho personas sentadas, cubierta con una gran campana que recoge los humos y al mismo tiempo también tiene un gran horno donde se hacía la brona (pan de maíz), en tal cantidad que una pieza podía durar quince días, la tapa era de madera y una vez caliente el interior con leña se colocaba la tapa y se sellaba con una mezcla de barro y bosta de vaca (caca de vaca).En la lareira se contaban historias a media voz, con miedo, también se rezaba el rosario, que a mí se me hacía largísimo. Una de esas historias contaba que una vez en la juventud de mi padre, viniendo de visitar a una de sus novias, ya anocheciendo y caminando por el monte para atajar, sintió y vio algo que en principio no comprendió y que el explicaba así "al pasar por la ladera del monte, bajo la carretera de Santiago, escuche un ruido tremendo seguido de gritos y llantos y vi como rodando por la ladera, hacia donde yo estaba, lo que parecían ser ovejas", esto no tendría mucha importancia ya que mi padre era aficionado al vino, pero al día siguiente mis tías tenían que coger el Castromil (autobús) que las llevara a Santiago y el autobús no llego porque a la altura que mi padre había tenido la visión, tubo un grave accidente y volcó, yendo por la ladera con todos sus ocupantes. Mi padre había visto el accidente doce horas antes de que realmente sucediera, aunque no supo interpretar lo que vio hasta el día siguiente.

Corría el año 1.973 y yo con otros chicos de mi edad, estábamos haciendo tiempo para irnos a casa, cuando apareció un compañero de colegio, que no de clase, ya que él iba dos cursos por delante nuestro, con su moto Bultaco, y tras presumir un rato nos dejo que la probáramos, cuando me toco a mi, aproximadamente a un km. me pareció ver a una pareja de la guardia civil, y con miedo por no tener permiso me interne por un camino rural entre Vilanova y Extrar, eran aproximadamente las 21,00 h. en el mes de Diciembre y había anochecido, al pasar por una portela en un cruce de caminos, la moto se me paró de repente y como no conseguía encenderla me fui empujándola, al poco rato sentí un viento fuerte que levantaba la hojarasca y me empujaba, casi tirándome la moto y me aparte a un lado del camino, entonces sentí un fuerte olor mezcla de cera quemada y a perro muerto y los vi, viniendo en mi dirección entre un remolino de hojas y rodeados de una niebla helada, con faldones hasta los tobillos y capucha puntiaguda, sus rostros cadavéricos sin llegar a estar en los huesos, uno iba delante con una cruz de madera, dos hileras detrás, con velas de grueso tamaño, en el centro portado por seis de ellos un ataúd de madera color marrón, detrás del ataúd a pie una señora mayor, vestida de negro y con pañuelo en la cabeza, de mirada plácida como con media sonrisa, me miró al pasar, y luego siguió su vista al frente, detrás de ella un grupo de gente, todos con capucha como los de delante, unos veinte ó veinticinco. Al terminar de pasar todos se termino el viento y la niebla y deje de percibir el extraño olor, al poco rato cuando me calme intente encender la moto y lo conseguí sin problema, cuando llegue al punto de partida mis amigos me esperaban desesperados. Habían pasado casi dos horas y yo pensé que solo quince minutos, les conté lo que me había pasado y no me creyeron. Al día siguiente mis amigos me vinieron a decir que la noche anterior a la misma hora había muerto una señora del pueblo de Vilanova.

Estando con Maruja en el monte, a la búsqueda de setas y de algún fruto seco ó hierba aromática, como casi todos los fines de semana, mojándonos los pies con el rocío de la noche, un día nublado y algo frío, sucedió de pronto como el sonido de un trueno y nos cegó una luz potentísima como si fuese un rayo, que cayese tras la colina, entre asustados y curiosos subimos la colina para ver de que se trataba y entonces vimos una nave espacial, como las de las películas que a menudo ven nuestros nietos y de ella bajaron dos marcianos, eran delgadísimos como una sobrina mía que cada vez que come va al baño y vomita y de la que dicen que tiene una rara enfermedad, tenían unos ojos grandes igualitos a los del besugo y lo que parecían tres cuernos ó orejas, no sé. Maruja se asusto y me dijo.“Pepiño tengo miedo”“Calla Maruxa calla, que aquí estoy yo para que no te pase nada”Entonces la pareja de marcianos nos vieron y se pusieron a caminar hacia nosotros y lo hacían de una manera muy rara parecida a como camina Rudesindo un vecino del pueblo que dicen que tiene almorranas o una mariconada de esas.“marchemonos ahora que podemos Pepiño”“espera Maruxa , espera”Y los marcianos se acercaron y empezaron a olfatearnos lo mismito que el perrito de Edelmiro del que dicen que es de una raza que lame chominos. Entonces Maruja se puso muy colorada y es que el marciano la olía desde tan cerca, que la dejaba empañada.“Pepiño y si hacemos un experimento”“Que experimento Maruxiña”“Pues muy fácil tu te vas con la marciana y yo con el marciano”A mi esto me dejo trastocado pues Maruja y yo no nos habíamos encamado desde que engendramos al Faustino y yo tampoco lo reclamaba, el riesgo de que nos saliese otro Faustino le quita las ganas al mas vivo, y además yo me contentaba con la Blanquita que estaba más cariñosa y se quejaba menos.“Bueno si tu quieres”, dije. Y sucedió que Maruja cogió de la mano al marciano y se fue tras unos matorrales y entonces la marciana me cogió la mano y la note fría y pegaminosa, lo mismito que cuando una vez me dio la mano el pescatero del pueblo.Después de sufrir el extraño acoso de la marciana salimos de entre los matorrales y vi. Como Maruja de la mano del marciano daba saltitos de alegria y en la cara tenia la misma expresión que a veces tiene un vecino nuestro, que dicen que anda en cosas raras. Los marcianos se fueron discutiendo entre ellos y nos quedamos solos .“Hay Pepiño que gosada, hay que gosada Pepiño” “Bueno Maruxa, bueno ya será menos” “Mira Pepiño, el marciano se desnudo y no se le veía nada, pero de repente se tiró de una oreja y le empezó a salir una cosa larga, larga, larga, pero delgadita, delgadita. Luego se tiró de la otra oreja y le empezó a engordar y engordar y engordar…hay Pepiño que gosada, hay Pepiño que gosada” . “Carallo ahora entiendo, ¿Por qué? La marciana no paraba de tirarme de las orejas”. Nunca más vimos a los marcianos, pero a mi todavía me quedan las orejas rojas desde aquel día.